viernes, 27 de noviembre de 2009
¿Olerá a podrido en Dinamarca?
Seguir el calendario de la futura Cumbre de Copenhague es seguirle la pista a los tanteos de las naciones y sus gobernantes. Cual partida de ajedrez, todas lanzan mensajes, en ocasiones contradictorios, sobre cuál será finalmente su posición en la Cumbre. Estados Unidos se engancha a última hora y mantienen su 17% de reducciones, China pone sobre la mesa una reducción del 40%, que en realidad no será una reducción neta sino una limitación a su crecimiento de emisiones según crecimiento del PIB. Hace unos días tuve la ocasión de asistir a una serie de reuniones en Bruselas con expertos de la Comisión Europea y parlamentarios europeos. Se notaba en el ambiente cierto resquemor hacia aquellas voces que intentan enterrar la Cumbre de Copenhague antes incluso de que comience. Razones no les faltan, porque es cierto que resultará complicado llegar a acuerdos vinculantes en la ciudad danesa. Aunque marcar reducciones drásticas para el período 2012-2020 es clave, no lo es menos pensar en el horizonte 2050, en el cual la mayoría de los países desarrollados ya hablan de reducciones por encima del 80%; es decir, transitar hacia una economía baja en carbono. Para que esto ocurra, la primera piedra hay que colocarla en Copenhague. Aunque no se llegue a firmar un acuerdo vinculante, resultará clave la voluntad política, especialmente de USA y China, porque está en juego el liderazgo económico mundial para las próximas décadas.
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